“Con Cristo han sido sepultados en el Bautismo, con él también han resucitado”
(Col 2,12)

Ha quedado atrás el periodo de vacaciones y nos disponemos a iniciar un nuevo año laboral y estudiantil, que sin duda estará marcado por el deseo sincero de todos de alcanzar y superar planes y expectativas de crecimiento personal y espiritual.

De igual modo, la Iglesia nos invita a iniciar este tiempo de Cuaresma como un momento propicio para experimentar la Gracia que salva y renovar la vida divina que nos ha sido dada en el Bautismo.

El Santo Padre Benedicto XVI en su reciente Mensaje para la Cuaresma 2011, nos enseña que “el Bautismo no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo”.

Para acompañarnos en este itinerario cuaresmal, el Papa Benedicto XVI nos invita a la escucha atenta de la Palabra de Dios y en especial, del evangelio de los 5 Domingos de Cuaresma, cada uno con su particular pedagogía y sentido espiritual que nos llevan a una renovación del seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a Él.

El Primer Domingo de Cuaresma y la batalla victoriosa contra las tentaciones es “una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado en infunde nuevas fuerzas en Cristo.”

En el Segundo Domingo con el relato de la Transfiguración se nos propone “alejarnos del ruido de la vida diaria para sumergirnos en la presencia de Dios; como comunidad cristiana somos llevados al igual que los Apóstoles “a un monte alto” para acoger nuevamente en Cristo el don de la gracia de Dios.

La petición de la samaritana: “Dame de beber” (Jn 4,7) que escuchamos en el Tercer Domingo de Cuaresma manifiesta, según el Papa Benedicto XVI, “la pasión que Dios tiene por todo hombre y quiere suscitar en nosotros el deseo del don del “agua que brota para vida eterna”: el don del Espíritu Santo.”

Luego, el Domingo del ciego de nacimiento nos presenta a Cristo como luz del mundo. “Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como “hijo de la luz”.

En el Quinto Domingo de Cuaresma y la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: “Yo soy la Resurrección y la vida…Crees esto?”. La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en Él.

Finalmente, el Papa Benedicto XVI nos invita a la práctica del ayuno fraterno y solidario, la limosna y el compartir en comunión así como la meditación de la Palabra de Dios como un tiempo para conocer que “sus palabras no pasarán”.

Concluye el Papa en su Mensaje que en esta Cuaresma se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, “hacernos semejantes a él en su cruz (Flp 3,10) para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida.”
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